Hace diez millones de años el estrecho de Gibraltar estaba cerrado. Las tierras del actual valle del Guadalquivir estaban inundadas por el océano Atlántico y lo comunicaban con el Mediterráneo. Hace 6 millones de años la cabecera del Guadalquivir comenzó a elevarse a la vez que se abría la comunicación por el estrecho de Gibraltar. El valle del Guadalquivir comenzó a aflorar del fondo marino.
Hace 5 millones de años todavía los terrenos que hoy ocupa Sevilla todavía estaban inundados por el Atlántico. Poco a poco el océano siguió retirándose hasta que el litoral avanzó hasta la situación actual. Durante este proceso en el valle del Guadalquivir se depositaron millones de toneladas de restos de diatomeas, radiolarios y otros restos de seres que vivían en el mar dando lugar a las tierras blancas que forman buena parte del valle y que hoy se conocen como albarizas y son el componente fundamental de la tierra de las viñas de Jerez y otros cultivos del valle.



Salvador Calderón (1851 – 1911) estudio a las margas que aparecen en Morón de la Frontera, a las que se conocen como Moronitas, de las que hicieron muchas preparaciones para el microscopio óptico y un completo trabajo que se publico en 1886 en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, v. 15 al que puedes acceder aquí https://archive.org/details/lamoronitaylosya00cald/page/n1/mode/2up
Otro estudioso de estas diatomeas, entre otras muchas cosas, fue el aragonés Florentino Azpeitia Moros (1859 – 1934) quien publico: La diatomología española en los comienzos del siglo XX que puedes consultar aquí: https://bibdigital.rjb.csic.es/records/item/13932-la-diatomologia-espanola?offset=1. En estas moronitas Azpeitia identifico a un nuevo genero de diatomeas al que designo con su nombre.
Las diatomeas del Guadalquivir también fueron estudiadas por José Antonio Dosset y Monzón (1857-1914) (https://dbe.rah.es/biografias/36609/jose-antonio-dosset-monzon) en cuyo honor Azpeitia dio nombre al genero Dossetia, unas raras diatomeas que encontró en estos sedimentos.
Aunque Eduardo Fungairiño de la Peña (1838 – 1916) no se centró en las diatomeas del valle del Guadalquivir hay que nombrarlo aquí porque ha sido considerado como el indiscutible especialista de las diatomeas fósiles de Oamaru (Nueva Zelanda), el más famoso yacimiento de diatomeas fósiles del mundo.
Mención especial hay que hacer de Miguel Cala y Sánchez, que publico en 8 de marzo de 1896 un interesantísimo Geología del termino de Morón y descripción de su yacimiento diatomifero en el que describe con mas detalles estos yacimientos, sus ubicaciones, además de otros organismos fósiles como foraminíferos y radiolarios que se encuentran con las diatomeas. Cala y Sánchez, precisamente por ser natural de Morón de la Frontera es mucho mas preciso en la descripción de los yacimientos. Este documento lo puedes encontrar aquí a partir de la pagina 83: https://bibdigital.rjb.csic.es/viewer/10530/?offset=#page=83&viewer=picture&o=bookmark&n=0&q=
De todos los estudios de final del XIX y principios del XX sorprende a que no se haga ninguna mención a los cientos de kilómetros cuadrados que suponen las albarizas del valle del Guadalquivir, salvo Morón, y que son una fuente inagotable de diatomeas fósiles. Sin embargo en la segunda mitad ya se publican otros en que si se tienen en cuenta como el Estudio de algunos yacimientos fósiles de trípoli, de José Fernández-Pacheco Vera que hace una introducción con los mas importantes del mundo para luego centrarse en los españoles. Se publicó en 1948 en los Anales del Jardín Botánico de Madrid.
Ya rondando el siglo XXI, M. J. López García y M. A. Bustillo revuelta publican LOS SEDIMENTOS CON DIATOMEAS DEL MIOCENO EN LA CUENCA DEL GUADALQUIVIR: EDAD Y COMPOSICION LITOLOGICA, donde estudian 93 yacimientos y hacen una comparativa de las especies encontradas. https://digital.csic.es/bitstream/10261/22961/1/313.pdf
A finales de 2021 en compañía de Beltrán Peña, que me introdujo en este tema, recorrimos la zona tomando muestras de diferentes viñedos y baldíos desde Sanlúcar hasta mas allá de Morón. Las imágenes que se presentan a continuación son el resultado de cientos horas delante del microscopio observando las preparaciones realizadas con estos materiales. No he pretendido publicar un catalogo exhaustivo, tan solo una pequeña selección de las mas de 3000 imágenes, para hacer ver al profano de la enorme diversidad y formas que se esconden en estas tierras blancas que parecen anodinas a simple vista. Y también para revitalizar la memoria de aquellos diatomologos con las imágenes de un Microscopio Electrónico de Barrido que da nuevo brillo a sus observaciones.
Si arduo es el trabajo de tomar imágenes de estas muestras, no resulta precisamente trivial, clasificar cada una de ellas cosa que no esta totalmente conseguido porque no soy precisamente un experto micropalentologo, por ello si encuentras algún error o puedes ayudar en la clasificación te agradecería que me lo hicieses saber.
La observación de las muestras requiere un procesamiento muchas veces tedioso. En algunos casos se requiere un proceso de congelación y descongelación de las muestras embebidas en agua para que se disgreguen. Las albarizas se disgregan fácilmente. Por ejemplo, si se buscan cocolitos, los materiales se tratan con peróxido de hidrogeno al 30% y se mantienen 10 horas a 90ºC. Se lava con agua destilada dos o tres veces y se pasa por un tamiz en húmedo de 50 micras, para quitar los fragmentos grandes. Después se lava tres o cuatro veces con agua, se deja reposar una hora y se elimina la capa sobrenadante que suele tener polvo y fragmentos de diatomeas rotos.
Si se buscan diatomeas o radiolarios, se ataca el material con acido clorhídrico diluido que al mismo tiempo que disgrega la muestra elimina carbonatos, cocolitos y foraminíferos, se deja reposar, se eliminan los líquidos sobrenadantes, se lava un par de veces para eliminar los restos ácidos y después se pasa por una malla de 180 micras. Se deja reposar y se elimina la mayor parte del agua. Se trata igual que el caso anterior con peróxido de hidrogeno al 40% durante 10 horas.
Diatomeas.
Las diatomeas son algas unicelulares que constituyen parte del fitoplancton. Se conocen unas 20 000 especies vivas, las cuales están a la cabeza de la cadena alimenticia y responsables del 45% de la producción de oxigeno en los océanos. Una característica de estas algas es que se hallan rodeadas por una pared celular única hecha de sílice llamada frústula. La evidencia fósil sugiere que las diatomeas se originaron durante o después del periodo Jurásico temprano. Las diatomeas son una herramienta usada frecuentemente para la vigilancia de las condiciones medioambientales, de la calidad del agua y en el estudio de los cambios climáticos. Las diatomeas se encuentran en cualquier agua, es decir en el mar, en las aguas dulces, incluso sobre superficies húmedas. Existen grandes depósitos de diatomeas fósiles resultado de la desecación de lagunas (zona de Hellín) o la subida de los fondos marinos (valle del Guadalquivir) que pueden llegar a explotarse comercialmente. La diatomita o tierra de diatomeas tiene muchas aplicaciones industriales, como abono orgánico, como material para filtros, como absorbente o como insecticida natural entre otras.
Radiolarios.
Los radiolarios (Radiolaria o Radiozoa) son un grupo de protistas ameboides que producen intrincados esqueletos minerales de sílice, que se encuentran como zooplancton en el océano. Suelen ser unicelulares, aunque algunos forman colonias de miles de individuos. El cuerpo de la célula se divide en dos secciones, interna y externa, denominadas endoplasma y ectoplasma, separadas por una membrana de naturaleza orgánica, denominada cápsula central. Las características más distintivas de los radiolarios son su esqueleto y los axopodios. Los radiolarios producen un esqueleto que puede tener una estructura muy elaborada y de gran belleza, con una apariencia opalina. Del cuerpo de la célula salen numerosas proyecciones denominadas axopodios que le dan una apariencia radiada y le sirven al organismo para el movimiento y para capturar pequeñas presas. El esqueleto de los radiolarios se fosiliza con facilidad y, debido a la rápida evolución de sus especies, son importantes como fósiles guía a partir del Cámbrico. Los radiolarios comprenden actualmente unas 1000 especies vivas.
Foraminíferos.
Los foraminíferos son protistas ameboides, principalmente marinos, aunque también hay especies de agua dulce, caracterizados por un esqueleto calcáreo o concha constituido por una o más cámaras interconectadas que fosiliza con relativa facilidad. Los foraminíferos suelen considerarse como el grupo más importante de microfósiles marinos debido a que son organismos muy abundantes en los sedimentos. Se han descrito unas 10 000 especies actuales de foraminíferos, además de unas 40 000 especies extintas, conocidas por sus fósiles. Por lo general tienen un tamaño menor a 1 mm, pero algunas especies alcanzan hasta 20 cm.
Silicoflagelados.
Los silicoflagelados son un pequeño grupo de algas unicelulares presentes en ambientes marinos que se caracterizan por producir, en una etapa de su ciclo vital, un esqueleto silíceo integrado por una red de barras y espinas dispuestas en una especie de cesta interna. Estos esqueletos forman una pequeña parte de los sedimentos marinos, encontrándose como microfósiles desde el Cretáceo temprano.
Espículas.
Las espículas, o escleritas, son unidades esqueléticas calcáreas o silíceas, que forman parte del esqueleto de las esponjas de mar y de algunos corales. Existen dos tipos de espículas, según el material de que están compuestas. Las calcáreas y las silíceas. Las espículas silíceas presentan una gran variedad de formas y tamaños. Se forman a partir de acúmulos cristalinos de sílice hidratada. Las esponjas son los únicos animales que utilizan el sílice como material esquelético.
Cocolitos.
Los cocolitóforos (Coccolithophoridae) son algas unicelulares, protistas fitoplanctónicos. Se distinguen por estar cubiertos de placas (o escamas) distintivas de carbonato de calcio denominadas cocolitos, que son microfósiles importantes. Los cocolitóforos son exclusivamente marinos y se presentan en gran número en la zona fótica del océano (donde penetra la luz del Sol). Debido a su tamaño microscópico y a la extensa distribución de muchos de sus grupos, los cocolitos (nanoplancton calcáreo) son muy importantes como fósiles traza para resolver cuestiones de estratigrafía y constituyen indicadores sensibles a los cambios de temperatura y salinidad de los océanos.






Pirita framboide.
Un framboide es una característica micromorfológica común a ciertos minerales sedimentarios, particularmente a la pirita (FeS 2 ). El primer uso conocido del término se atribuye a Rust en 1935 y se deriva del francés ‘la framboise’, que significa ‘frambuesa’, lo que refleja la apariencia del las piritas framboides. La estructura framboidal comprende agregados esféricos de microcristalitos de alrededor de 0,5 μm de diámetro, con un tamaño que oscila entre 5 y 20 μm. Alguna vez se pensó que los framboides eran colonias bacterianas o microorganismos fosilizados , pero la síntesis de esta estructura en condiciones de laboratorio y la observación de framboides en lugares hostiles a la vida microbiana han descartado esta teoría. Fue una sorpresa para mi encontrar encontrar pirita framboidal entre los restos fósiles y por lo que se, es la primera vez que se citan en ellos.


